Fue en una escuela de música donde aprendí lo que es el arte.
Ni los libros, ni los cuadros más hermosos y elaborados pudieron hacer que mi corazón diera un vuelco tan grande.
Pero esa voz, Dios mío. Esa voz no solo daba escalofríos, hacia que tu pecho ardiera de sentimientos.
Cada nota era perfecta, cada palabra nunca se había emitido de tan bella manera.
Y esas vibraciones que hacían que las canciones más tristes se oyeran como cantos de sirenas.
Después de esto nada podrá hacerme sentir nuevamente como esa mujer que entonaba con ojos alegres una triste melodía de pianos desafortunados.
Sin embargo, mis sentimientos se enfrentan; por una parte soy feliz de haber encontrado el sentido de la hermosura.
Por el otro estoy sumamente afligido, ya que no es producción mía, ni tampoco podré enjaular su voz para mi misma.