Mis lágrimas bien podrían ser rojas si tuviera armas en mis dedos, pero el alma casi muerta por la desdicha busca consuelo en palabras de amor, que alguna vez salieron de tu boca y el tiempo determinará si volverán a pronunciarse.
En cada suspiro hay una parte de tu aura que se marcha, y hoy que ya no te tengo,
esa porción perdida no se recupera, y el cuerpo queda vaciado de sentido, solo, angustiado, sin más posibilidades de vida, tan solo movimientos agónicos que predicen la falta de existencia.
Y la realidad agudiza todos los sentidos, pues tan solo hoy me doy cuenta que necesito tu aire, que necesito tus ojos, que necesito el calor de tu pecho.
Tristeza, no queda nada más allá que la tristeza de perderte y la alegría de haberlo logrado, deberé ser fuerte y luchar por lo que hoy quiero. Mañana lucharé por ti, si, mañana, cuando se me nuble otra vez la mirada al recordar el sonido de tus pies sobre mi suelo.